¿A qué edad y en qué circunstancias sintió la vocación sacerdotal? En otras palabras, ¿por qué quiso ser sacerdote?
Sentí el llamado de Dios a los catorce años de edad. Era el mes de mayo. En ese mes, por las tardes, se solía rezar el rosario en la parroquia, como obsequio de devoción a María. Había también una hermosa ofrenda floral. Aquel día, después de haber rezado el rosario en la parroquia, volvía a mi casa, cuando en el camino me encontré con dos religiosas que, por motivos de salud y de la persecución religiosa, se encontraban en Cotija fuera de sus comunidades. Se detuvieron a hablar conmigo y me preguntaron dónde había estado.
Les dije que en México, con el obispo de Veracruz, Rafael Guízar. Él, debido a la persecución religiosa que continuaba en su diócesis, vivía en la capital y mantenía allí un seminario clandestino. "¿Y por qué no te quedaste con él?", me preguntaron.
Era la primera vez que alguien me mencionaba la posibilidad de ir al seminario para ser sacerdote. Les pregunté si yo podía ser sacerdote. Ellas me dijeron que sí, si Dios me había concedido el don de la vocación. Acabada la breve conversación con las dos religiosas, tenía la firme convicción de que Dios me llamaba para servirlo como sacerdote. Cada vocación es particular y única. |
La mía la sentí de modo imprevisto, sin pensarlo, sin buscarlo. En esos segundos de diálogo con las religiosas, tuve la certeza moral de que la voluntad de Dios para mí era la vida sacerdotal. No podría dar más detalles.
Todo fue muy sencillo, pero debo confesar que no albergaba ninguna duda sobre la autenticidad de mi vocación. Vinieron después muchas dificultades y contratiempos, pero jamás he dudado de la vocación. Considero esto una gracia muy especial de Dios que agradezco todos los días.
Recuerdo que aquella tarde de mayo de mis catorce años regresé al templo parroquial de Cotija de donde venía de rezar el rosario. Tenía la certeza más absoluta de que Dios quería para mí el sacerdocio. En aquellos momentos no conocía las circunstancias concretas en las cuales ello sería posible, pero no pude dudar de que era la voluntad de Dios para mí. Sé que esto es muy difícil de explicar, sobre todo si no se ha tenido una experiencia semejante. Agradecí al Señor ese inmenso don y le pedí su ayuda para serle fiel hasta la muerte en este camino. |