En 1946, cinco años después de fundar la congregación, el P. Maciel llevó a España al primer grupo de legionarios, para que realizaran sus estudios de Humanidades y Filosofía en la Pontificia Universidad de Comillas.
Cuando se habla de la congregación de los legionarios de Cristo, una de las primeras preguntas que se hace la gente, especialmente en Europa, se relaciona con el nombre, que suena en algunos países a organización militar: ¿por qué el nombre de legionarios de Cristo?

El primer nombre fue el de "Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús y de la Virgen de los Dolores", pero existían varias congregaciones religiosas con nombres parecidos y además a algunos este nombre no podría darles una idea exacta de nuestra espiritualidad y el deseo de que expresara nuestro dinamismo apostólico. Por eso buscamos otras posibilidades. Por entonces fue cuando me encontré con el Papa Pío XII. Era el año 1946. Después de haberle expuesto mis planes de fundación, el Santo Padre me citó un versículo del libro del Cantar de los Cantares (cf. 6, 4 y 10) en donde el esposo evoca la belleza de la esposa "terrible como un ejército preparado para el combate" ("sicut castrorum acies ordinata").

Naturalmente que el Papa se refería a ese combate de la fe de que habla san Pablo (cf. 2Tim 4, 7). El mismo apóstol pide a Timoteo que sea un buen soldado de Jesucristo (cf. 2Tim 2, 3). Y el capítulo 6 de la Carta a los Efesios es toda una apología de la lucha del cristiano por el bien: "Revestíos de las armas de Dios para que podáis resistir a las asechanzas del diablo" (v. 11), con una descripción de la armadura del cristiano: "Tened como cinturón la verdad, como coraza la justicia, como calzado, las buenas disposiciones del evangelio de la paz. Sobre todo, empuñad el escudo de la fe con el que podréis resistir todos los dardos inflamados del Maligno.

Armaos con el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios" (vv. 14-17). Nadie lee a san Pablo en clave militarista por haber usado de estas comparaciones. Está claro que aquí el apóstol de las gentes quiere dar a entender a los cristianos que su vida será una lucha contra el mal y que para ello deben revestirse de las virtudes cristianas que él menciona.
Movido por esta cita bíblica que el Papa me sugirió, por estas otras citas paulinas y por el testimonio de los cristeros que dieron la vida por su fe, se escogió finalmente el nombre de legionarios de Cristo, que quiere dar la idea de un grupo bien organizado, unido y compacto, de hombres bien preparados al servicio de Cristo y de su evangelio, que como sabemos es Buena Nueva de amor, de misericordia, de perdón, de acogida y de respeto, y ciertamente también nuestro nombre expresa el vigor, el dinamismo y la fuerza con que la proclamación de este mensaje de salvación debe ser realizada.

En ese momento yo no tenía noticias de los cuerpos militares que existían en algunos países como Francia y España también denominados Legión. Sobre todo me llamó la atención la disciplina, la fuerza y la eficacia de las legiones romanas, la cohesión y eficacia de su organización. La historia de la Iglesia nos dice que, en los primeros siglos de la era cristiana, muchos de los que difundieron el cristianismo por las diversas partes del imperio, fueron precisamente los soldados de las legiones romanas.

Al querer representar el valor, la entrega, el arrojo de los hombres que Dios llamara para hacer realidad esta obra suya, me pareció que podía servir el nombre de legionarios, para que ellos se entregaran con la misma pasión y convicción a su misión de extender en la sociedad el Reino de Cristo. Nuestro nombre nada tiene que ver con ningún grupo u organización militar contemporáneo, que simplemente desconocía, sino más bien con esas citas bíblicas, con las legiones romanas y con el testimonio de los cristeros que dieron la vida por su fe. Todo ello, unido a las palabras de Pío XII, confluyeron en el nombre de legionarios de Cristo.

Como ya he dicho y quisiera repetir, nuestra lucha por el Reino de Cristo se realiza en el amor, en la paz, en el servicio a los hermanos. Nuestro único deseo es que cada uno de ellos pueda encontrar el camino del cielo, y la plenitud de su vocación en Cristo. La Legión de Cristo es una legión de paz y amor.