Cuando los Legionarios de Cristo, recibieron el territorio de misión de Quintana Roo, la prelatura tenía ocho templos. En 33 años, los misioneros legionarios han construido 343 iglesias y oratorios, 18 escuelas y dos universidades. Esta imagen muestra una ceremonia de primeras comuniones en la Iglesia de Corpus Christi de Cozumel.
En la carta apostólica Novo Millennio Ineunte, Juan Pablo II cita con frecuencia el evangelio de san Lucas sobre la pesca milagrosa (cf. Lc 5, 1-11), poniendo especial énfasis en el momento en el que Cristo le pide a Pedro que "reme mar adentro" (duc in altum). ¿Qué significa para usted este "remar mar adentro" en la Iglesia y en el mundo de hoy?

El Papa ha querido evocar un momento privilegiado de la relación de Cristo con sus discípulos, especialmente con Pedro y aplicarla a la situación actual de la Iglesia. A mí la escena me resulta muy bella y sugestiva. Jesús había iniciado su ministerio apostólico en la región de Galilea. Enseguida, tanto su predicación como el número de milagros que había obrado en medio de esa gente sencilla, atrae a una gran multitud: enfermos, endemoniados, paralíticos, ciegos, etc. Todos quieren oír el mensaje sorprendente de Cristo y recibir la gracia de su poder curativo. El número de gente era tan elevado que, para poder hablar sin ser disturbado y ser mejor escuchado, se sube a la barca de Pedro para predicar desde la orilla.

Una vez acabada la predicación, Jesús pide a Pedro que "reme mar adentro". Es una orden: Duc in altum. La segunda parte de la frase es menos citada y con frecuencia se olvida: "Rema mar adentro y lanza las redes para pescar". El mandato de Jesús tenía un fin preciso: quería dar a Pedro una lección de pesca. Ya sabemos que Pedro era pescador y que conocía como la palma de su mano el lago de Genesaret. Había nacido a sus orillas y ya desde niño pasaba las noches y los días en sus aguas lanzando las redes. Había aprendido desde entonces el oficio, posiblemente heredado de su padre. Sabía dónde, cuándo, cómo encontrar los bancos de peces. Pedro sabía que, desde un punto de vista humano, no era el mejor momento para lanzar las redes, no era el mejor sitio. Por eso, se atreve a decir al Maestro: "Hemos estado trabajando toda la noche y no hemos cogido nada".

Él sabía que el mejor tiempo para el tipo de pesca que iban buscando en el lago era la noche. Lo habían intentado ya. Habían seguido todas las reglas del arte, pero no habían cogido nada. Las redes descansaban vacías sobre los grandes maderos del barco, esperando una mejor oportunidad. Pedro indica a Jesús una razón humana válida para no lanzar las redes, para no obedecer su orden. Desde la lógica humana, parecía algo sensato no volver a realizar un esfuerzo vano. Pero su frase no concluyó allí: "Pero en tu nombre, echaré las redes", indicándole claramente a Jesús que, como pescador profesional, él nunca habría pescado ni en ese lugar ni en ese momento del día, pero que la confianza que tenía puesta en Él superaba la confianza que provenía de su experiencia y de su práctica. Que se fiaba, en resumidas cuentas, más de Cristo que de sí mismo.
Sabemos cómo concluye este pasaje. Pedro lanza las redes que de inmediato se llenan de peces, en número tan abundante que tuvieron necesidad de la ayuda de otra barca. Pedro y los demás discípulos, pescadores como Pedro, quedaron asombrados. Se postran a los pies de Jesús, reconociendo la grandeza de su Maestro y su propia nada y miseria. Pero Jesús levanta a Pedro, diciéndole: "No temas. En adelante serás pescador de hombres". Una vez que llegaron a tierra, tanto Pedro como Santiago y Juan, que lo acompañaban, dejaron todo y lo siguieron.

Es un texto muy rico en imágenes y en significado. Por eso yo creo que el Papa lo ha escogido para la Iglesia del nuevo milenio. La humanidad llega a esta hora de la historia orgullosa de su saber, de su técnica, de su experiencia, como Pedro estaba orgulloso de conocer perfectamente el oficio de pescador. Con la frase "rema mar adentro", Jesús le quiere decir a Pedro que todavía hay experiencias nuevas que hacer, que no lo sabe todo, que más allá hay fuerzas nuevas de conocimiento, existen zonas de misterio todavía inexploradas para él. Cuando el Papa pide a la Iglesia y a la humanidad que "remen mar adentro", les está diciendo que se adentren en el misterio de Dios por la fe. Esto es "remar mar adentro", creer con más fuerza, esperar con mayor anhelo, amar con más pasión.

El camino de la confianza y de la fe es válido para la humanidad entera como para cada hombre, para el nuevo milenio como para toda la historia. Podemos decir que la vida humana es un remar mar adentro, es un aceptar siempre de nuevo la sorpresa de Dios, es un recomenzar todos los días con renovada ilusión. Esta escena del evangelio nos muestra que quien confía en Dios, como Pedro, quien lanza las redes en el nombre del Señor, triunfa en la vida. Que el triunfo en la vida lo da esta confianza absoluta en la sabiduría y en el poder de Dios, a pesar de las apariencias contrarias o las situaciones adversas.

Probado en su fe y en su confianza, Pedro recibe una nueva misión: la de ser pescador de hombres; la de compartir su fe y confianza con los demás. Él y los otros pescadores dejan todo y se convierten en discípulos. Quieren aprender de Cristo cómo vivir en la fe y en la confianza. Cristo mismo les dice: "No temas. No te dejes vencer por el miedo, porque yo estoy contigo". Éste es el mensaje del Papa para el tercer milenio; el mismo con el que comenzó su pontificado, el mismo que ha repetido en sus visitas recientes a Toronto, a México, a Polonia: "No temas. Confía". Yo creo que para darnos a todos, al mundo, a la Iglesia, a cada hombre y cristiano, un mensaje de confianza y de fe, ha querido usar esta escena evangélica que nos invita a caminar por la senda de las tres virtudes teologales y arrojar nuestras redes, en su nombre, seguros de que Él las llenará de pesca abundante.